Ximena Restrepo: la primera mujer colombiana que ganó una medalla olímpica

Mientras avanzaba la antioqueña Ximena Restrepo hacia la meta de los 400 metros de atletismo en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, en Colombia la gente se agrupaba más y más frente al televisor o alrededor de la radio para ser testigos de su hazaña.

La violencia que se vivía en la época estaba siendo remplazada por la paz y la alegría que trasmitía esa joven de 23 años a 8.539 kilómetros de distancia.

Y lo logró. Ximena, por primera vez, estaba en una final olímpica. Lo sospechó un año antes cuando en los Panamericanos de La Habana, Cuba, ganó la medalla de plata al hacer 50’14 segundos en la misma competencia.  

Los nueve años que llevaba inmersa en el atletismo, su experiencia en la semifinal olímpica de Seúl 88 y los entrenamientos con Emperatriz González, la profesora de educación física que poco a poco descubrió sus dotes para el deporte más antiguo del mundo, cuando estudiaba en el colegio Marymount de su natal Medellín, dieron resultado.

Ximena arrancó en el sexto lugar. Por delante iban caras conocidas: la francesa, Marie-José Perec, la mejor marca del mundo en 1991 con 49’13 segundos y la rusa Olga Bryzgina, quien se había ganado la medalla de oro en Seúl 88.

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A los 49’64 segundos cruzó la meta en el estadio de Montjuic. A partir de ahí todo fue júbilo en Colombia. Ximena Restrepo se convirtió en la primera mujer deportista colombiana en ganar la medalla de bronce en unos Olímpicos. Pero no solo eso, también consiguió el mejor tiempo en Suramérica. Sin embargo, la grandiosidad del momento no se reflejaba en su rostro ante las cámaras que la seguían.

“Estaba muerta. Había corrido cuatro carreras para llegar a esa final. Me demoré mucho tiempo en recuperarme. ¡Claro!, pudo parecer que yo no estaba muy contenta, pero realmente no podía del cuerpo. Mientras estaba sentada en una banca, veía los periodistas, y me decía: tengo que ir a hablar con ellos. Pero estaba tan cansada que no tenía las energías para levantarme. Fui la última de todas las ocho que corrimos en salir de la zona de prensa. Después me llegó como el relajo, y me dije: lo hice, lo logré, ¡qué cosa más buena! Era algo increíble el haberme ganado esa medalla. Fue muy grande para mí, porque yo nunca tuve un modelo a quien seguir en Suramérica, ni en Colombia. Nadie tenía ese nivel”, cuenta Ximena de aquel histórico cinco de agosto.  

Ninguna atleta colombiana o suramericana ha logrado superar el tiempo que hizo hasta el momento. Pero Martina, su hija mayor, podría quitarle el invicto. En 2018, con 19 años, bajó de los 53 segundos, y viajó becada a entrenar y competir por la Universidad de Tennessee, en Estados Unidos, donde espera romper su propio récord y llegar a una final Olímpica. Muy similar a como lo hizo Ximena cuando se fue a entrenar y competir por la Universidad de Nebraska. Allá llegó a ser campeona universitaria a nivel nacional y se graduó en 1991 de Comunicadora Social, la segunda opción que eligió luego de medicina, una carrera que no estudió porque le exigía abandonar el atletismo.

Ximena Restrepo junto a su hija mayor, Martina

Franka, su hija menor, de 15 años, practica baloncesto, atletismo y lanzamiento de bala como su padre, el emblemático atleta chileno Gert Michael Weil, a quien Ximena conoció a la edad de 17 años, en el Campeonato Iberoamericano realizado en La Habana, Cuba, donde se coronó campeona.

Para esa época, en la que ella se iniciaba en la categoría adulta, Weil ya había ganado tres oros en campeonatos suramericanos, una medalla de plata en panamericanos, y competido en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84. “Pero fue en Seúl 88 donde realmente empezamos nuestra relación”, recuerda Ximena. Ambos, representando a sus países, coincidieron en el gran evento deportivo y se encontraron en la villa olímpica debido a que tenían la misma credencial. Weil quedó en el sexto lugar de su categoría y Ximena llegó a semifinales.

En 1992, seis meses antes de colgarse la medalla olímpica, Ximena se había trasladado a Chile junto a Gert, con quien decidió casarse a sus 22 años. La razón parecía lógica: vivir en Medellín en los años noventa no era seguro para realizar sus entrenamientos. Como Emperatriz, su entrenadora desde los inicios, no podía viajar a Chile, le enviaba a la atleta la rutina de ejercicios vía fax.

Ximena Restrepo y Gert Michael Weil

En 1983, nueve años antes de su triunfo, a Ximena no le gustaba el atletismo. Se fue enamorando gracias a su entrenadora quien ya era atleta profesional de 400 metros, y a la profesora Amparo Duque del colegio Marymount. Empezó corriendo 100 metros, luego 200 y finalmente 400 en la pista que hoy está bautizada con su nombre en la mencionada institución educativa.

El tener que ser competitiva y poder ganar alentaron aún más su compromiso. De niña, lo suyo era montar a caballo para ser equitadora, una disciplina deportiva que practicó hasta quinto de bachillerato.    

No fue de su mamá sino de su padre, un practicante de hockey y patinaje, que heredó el gusto por el deporte. Pero la atleta, en medio de risas, confiesa que nunca lo vio haciendo ejercicio, trotando, alzando pesas o en un gimnasio.

En el camino a la gloria, Ximena nunca recibió apoyo de Estado. Fue gracias a su familia que logró pagar sus entrenamientos y los viajes a los diferentes torneos. Aunque ganó varios campeonatos nacionales, ninguno le representó dinero. “Hoy, por ganar unos Juegos Nacionales, las entidades te pueden dar un carro o una casa. En mi época las medallas no tenían ningún valor económico”, dice.

Recuerda que el apoyo no se asomó ni cuando obtuvo el bronce, ni en la visita que hizo al presidente de la época César Gaviria Trujillo, cuando la invitó a la Casa de Nariño. Ir a tocar puertas no iba con su personalidad. Fue al contrario, tocaron a la suya. Postobón la contactó y le ofreció patrocinar su carrera deportiva. Así pudo pagar sus viáticos y tiquetes aéreos para ella y para Emperatriz con la que estuvo en Europa durante algunos eventos deportivos. “Nunca gané mucha plata. La plata no ha sido un motivante para mi carrera, pero he tenido la fortuna de que nunca me ha faltado”, afirma.

Con el paso de los años, saltó de las pistas a ser entrenadora de atletismo de la Universidad Católica de Chile. De ahí, se convirtió en una autoridad deportiva integrando el Comité Organizador de los Juegos Suramericanos de 2014 en Chile. “Me hice cargo de toda el área técnica: deportes, reglamentos, medallería y la implementación”.

Actualmente, aparte de dedicar su vida al crossfit, un deporte en el que combina fuerza, agilidad, entre otras capacidades, y a fomentar la nutrición, es secretaria de la Federación Nacional de Atletismo de Chile y tiene voz y voto en la IAFF, la organización que regula a nivel mundial el atletismo.

Atrás quedó su victoria olímpica que sigue intacta en la memoria de muchos adultos colombianos y es referente en cada niño y niña que se inicia en el atletismo; ahora, su meta es lograr que las mujeres puedan llegar poco a poco a lo más alto de la dirigencia deportiva.

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